domingo, 11 de mayo de 2014

veintiuno



Aquel ritmo incesante generado por el viento, de cadencia viciosa y texturizado 
entre sutiles altos y bajos que conforman la espesura del manto azul. 
Aquel que supo ser mar y detenerse en la laguna. 
Preserva desde el principio de los tiempos, con absoluto reparo,
un pacto de rigor con el ostrero:

“Si me sostienes, no te pincho”.