Raimundo, que prosperó en la vida,
alguna vez tuvo que ser valiente.
El locuaz y energético Raimundo,
andador mezquino de caminos ligeros,
trovador insulso de melodias mugrientas,
engatusador prolífico de mujeres vaporosas,
amigo de canillitas y saludador de porteros,
Raimundo fue, un día muy valiente.
Así como quien no quiere la cosa,
en una esquina del barrio,
Raimundo se disputó la vida
por una buena moza.
La contienda, el cotorreo
no fue ni mas ni menos
por causa de la hija del portero
a quien Raimundo le había clavado el anzuelo.
Se acabaron las amistades!
se terminaron los saludos!
Ni disculpas siquiera hubo,
cuando tuvo Raimundo que acabar,
con la vida del buen portero
pues el don se interponía
entre Raimundo y su mina
a quienes el amor por siempre
los unirá.