viernes, 14 de diciembre de 2012

diez


No vas a creer lo que me pasó.
Es como empiezan varias conversaciones que intentan captar la atención del receptor creando un halo de misterio y especulación.

Ahora no entiendo. 
Si no lo va a creer no se justifica el relato.

Hola. La palabra hola por ejemplo, carece de significado intrínseco. 
Es una formalidad. Una operación artificial que antecede el diálogo.

Ahora no entiendo.
¿Por que el lenguaje se vale de este y otros cuantiosos artilugios para entablar una charla?
La tecnología aplicada a la comunicación nos ha traído a su vez [y nos hemos acostumbrado fácilmente] numerosas alternativas para seguirnos expresando. Todo el tiempo, minuto a minuto.

Encuentro por estos días mas lenguaje que mensaje. Mas emoticones que emociones. Mas fotos que momentos. 

Son estos aparatos sociales los que nos distancian cada día y con nuestro permiso.
Son estos remates iconográficos los que finalizan cada conversación, o peor aun, los que la conforman íntegramente. 
Son estas fotos con filtros pre-diseñados las que se postulan en el podio del mejor día de la vida de, o que bien que la pasa tal.

¿Que tanto nos acercan estos mecanismos? ¿Que es lo mucho que tenemos por decir? ¿Queda algo de todo eso? ¿Donde queda todo lo que no decimos?

Un profesor un día me dijo, en referencia a la decisión sobre la ubicación de una marca en un transporte público, que la potencia del mensaje [en este caso la presencia y la recordación de la marca] estaba o podía estar en la repetición. En este ejemplo nos valemos de algo concreto, algo delimitado y contundente. Estudiado y analizado por profesionales de la comunicación. Conscientes justamente de que no se comunique mas de lo que se debe comunicar. Atentos a la claridad y la buena legibilidad.

El punto, después de todo esto es que nosotros no somos el mensaje. O mejor no seamos el mensaje. No seamos el vehículo, no seamos el arma. No nos compartamos. No nos amasemos. No nos repitamos. 

Se habla de "las redes sociales". No sabia que a la gente había que enredarla para que se pueda expresar. Es que hablamos mucho [nos expresamos] pero queda ahí enredado junto al vestido nuevo que me compré, la foto de mi perro y adonde hay que salir el sábado a la noche.

En ese pastiche de todo lo vale y todo es re importante se diluye la verdadera potencia de estos enormes medios, liberadores, democráticos, a favor de la libre expresión, constructivos, generadores de reuniones impensadas, etc, etc.  
Es muy fácil: si todo es importante, nada lo es. 

El otro día escuché y me quede pensando: "No hay nada mas frívolo que la intimidad"

nueve


Elena gotea y se estremece.
Alza sus tobillos al pecho.
Contorsiona su cuerpo hacia adentro,

abrazándose.

Elena se calla. 
Para escucharse.
Sus mandíbulas galopan 
incesantes.

Sus músculos dorsales
se expanden.
Como el fuelle de un bandoneon resonante
que Elena no consigue dominar.

Elena gotea y por entre
sus hendiduras los abismos se cuelan 
y de su lecho resurge
el clamor por la verdad.

ocho


El vestido blanco flamea en la soga. 
Ella se acerca a la escena, el viento desacomoda su pelo, 
a ella no le preocupa nada.

Sobre la tierra se acomodan las flores y las plantas. 
Serena la tarde avanza. 
Seria de ella el tiempo para pensar y pasar.

Suelta perfume la prenda recién lavada. 
Sobre su cuerpo suave se asentaría. 
La acompañaría de ahora en mas.

El borde en la terraza aparece alto y lejano. 
Se suman mas alla otros techos y ventanas. 
Pero a ella no le importa.

La paloma despliega sus alas 
y emprende vuelo para nunca regresar.

lunes, 3 de diciembre de 2012

siete


Para arriba y para abajo el cuarto se achicaba.
Lo veo a mi viejo saltando en el dos plazas recién comprado.
Un timbre que anuncia la llamada final.

Las personas que quedan se envuelven.
El lazo es estrecho y prolongado.
Serán, desde entonces, inquebrantables.

"Que buena idea Pancho", decía 
mientras se pasaba él también grasa por los zapatos.
al lado del fuego en el bosque del lago.

Lo veo a mi viejo desde el asiento de atrás del auto.
"Yo canto fuerte para no dormir" me dijo.
Yo grito fuerte, desde entonces, papá te extraño.

sábado, 1 de diciembre de 2012

seis





Montoto está sentado en la pared.
Montoto piensa, y está en lo cierto, que nadie lo ve.
Montoto se entretiene contando las baldosas marrones 
del piso en damero del bar "El progreso" por el que pasé ayer.
Montoto dice, y nadie lo oye, que nació al revés.
Montoto sin embargo, todos los días trata de enderezarse.
Montoto aprendió a contar hasta diez.
Montoto no es su nombre. Pero a nadie le interesa saber.