viernes, 14 de diciembre de 2012

nueve


Elena gotea y se estremece.
Alza sus tobillos al pecho.
Contorsiona su cuerpo hacia adentro,

abrazándose.

Elena se calla. 
Para escucharse.
Sus mandíbulas galopan 
incesantes.

Sus músculos dorsales
se expanden.
Como el fuelle de un bandoneon resonante
que Elena no consigue dominar.

Elena gotea y por entre
sus hendiduras los abismos se cuelan 
y de su lecho resurge
el clamor por la verdad.

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