viernes, 19 de abril de 2013

veinte


Raimundo, que prosperó en la vida, 
alguna vez tuvo que ser valiente.
El locuaz y energético Raimundo, 
andador mezquino de caminos ligeros, 
trovador insulso de melodias mugrientas,
engatusador prolífico de mujeres vaporosas,
amigo de canillitas y saludador de porteros,
Raimundo fue, un día muy valiente.

Así como quien no quiere la cosa,
en una esquina del barrio,
Raimundo se disputó la vida
por una buena moza.
La contienda, el cotorreo
no fue ni mas ni menos
por causa de la hija del portero
a quien Raimundo le había clavado el anzuelo.

Se acabaron las amistades!
se terminaron los saludos!
Ni disculpas siquiera hubo,
cuando tuvo Raimundo que acabar,
con la vida del buen portero
pues el don se interponía
entre Raimundo y su mina
a quienes el amor por siempre 
los unirá.

miércoles, 17 de abril de 2013

diecinueve [colgate]



En los confines de la dentadura se encuentra la bacteria maliciosa.
Aquella que, a pesar del sobreesfuerzo del cepillo y el hilo dental, no se inmuta. Conoce el percal y no se equivoca: continua su labor erosionado las ultimas piezas color marfil. 
La siniestra lo ha dejado todo [y con todo hablamos de la supervivencia de su especie] en manos de ÉL, el macho cabrío, quien después de los aquelarres no encontró mejor empleo que distraer asustando desde el espejo a las modocitas que osan animarse con el cepillo y la pasta, barriendo el polvo de todo lo que por la noche la bacteria se encargó de destruir.

*** Ilustración: Pancho dibujado

martes, 9 de abril de 2013

dieciocho


Como en todo asunto importante, el cerebro se hará a un lado.
¿Por qué apartamos al cerebro? Para no perder el tiempo.
El cuerpo estará caliente, blandito, a punto de ebullición.

Es menester que el receptor pierda el registro. Lo que pase, lo que vea, lo que escuche, no se recordará. 
Del evento solo se obtendrá una sensación, la cual no podrá ser verbalizada, reproducida ni clasificada dentro de ningún canon o estándar.
A mayor desentendimiento, mayor efecto [por eso estamos] de bienestar.

El golpe será imprevisto. De un momento a otro un sacudón de fuerzas de origen y destino desconocido nos atravesará materialmente.
La duración, desprovista de intencionalidad alguna, dependerá de cuan preparado se encuentre el ejecutante al momento de la acción.

Después el dolor. Que en este caso no es otra cosa que la reacción de la carne atizada por el calor. 
La energía resultante la podremos utilizar de manera ininterrumpida evocándola de manera suspicaz en el bostezo de cada mañana.