En los confines de la dentadura se encuentra la bacteria maliciosa.
Aquella que, a pesar del sobreesfuerzo del cepillo y el hilo dental, no se inmuta. Conoce el percal y no se equivoca: continua su labor erosionado las ultimas piezas color marfil.
La siniestra lo ha dejado todo [y con todo hablamos de la supervivencia de su especie] en manos de ÉL, el macho cabrío, quien después de los aquelarres no encontró mejor empleo que distraer asustando desde el espejo a las modocitas que osan animarse con el cepillo y la pasta, barriendo el polvo de todo lo que por la noche la bacteria se encargó de destruir.
*** Ilustración: Pancho dibujado
*** Ilustración: Pancho dibujado

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