martes, 9 de abril de 2013

dieciocho


Como en todo asunto importante, el cerebro se hará a un lado.
¿Por qué apartamos al cerebro? Para no perder el tiempo.
El cuerpo estará caliente, blandito, a punto de ebullición.

Es menester que el receptor pierda el registro. Lo que pase, lo que vea, lo que escuche, no se recordará. 
Del evento solo se obtendrá una sensación, la cual no podrá ser verbalizada, reproducida ni clasificada dentro de ningún canon o estándar.
A mayor desentendimiento, mayor efecto [por eso estamos] de bienestar.

El golpe será imprevisto. De un momento a otro un sacudón de fuerzas de origen y destino desconocido nos atravesará materialmente.
La duración, desprovista de intencionalidad alguna, dependerá de cuan preparado se encuentre el ejecutante al momento de la acción.

Después el dolor. Que en este caso no es otra cosa que la reacción de la carne atizada por el calor. 
La energía resultante la podremos utilizar de manera ininterrumpida evocándola de manera suspicaz en el bostezo de cada mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario